Todos los caminos conducen a … Biológicas

María Teresa González Manteiga
Dpto. de Matemática Aplicada (Biomatemática)
Facultad de CC. Biológicas


El tiempo vuela para todos. Como diría Virgilio: Fugit irreparabile tempus, vuela el tiempo sin retorno. Me han sugerido varias veces que participara en la Memoria Escrita con motivo de la celebración de la entrega de Diplomas a los alumnos de la Quincuagésima Promoción de Ciencias Biológicas y hasta hoy no me he decidido. Y no ha sido por dejadez ni por desinterés sino principalmente por dos razones: porque soy persona de sentimiento antes que de palabra y por mis múltiples obligaciones profesionales y familiares. Por fin, cuando ya faltan pocos días, me pongo, bolígrafo en mano, para dar las gracias a todas aquellas personas que directa o indirectamente han influido para que yo sea hoy profesora de esta querida Facultad y haya disfrutado al recibir a las 8.30 h del primer día de clase a los alumnos del grupo 1º A del curso 2000-2001, precisamente parte de los que, coincidiendo con el cambio de siglo, comenzaban su primer curso de carrera y ahora se licencian.

Hay cosas que me gustan de mi Facultad. El Decano y su equipo recibe a los alumnos y también los despide al concluir sus estudios, entregándoles su Diploma en un Acto Académico, que no se debería perder, en el que disfrutan alumnos, profesores, personal del Centro y por supuesto las familias.

Me pregunto ¿dónde estaba yo hace 50 años? Acababa de terminar el primer curso en mi primer Colegio, cerca de mi casa, en un chalet que hoy no existe pero sí la finca y también los árboles centenarios del patio en el que yo disfrutaba del recreo, jugando con una tortuga terrestre que aún no estaba protegida por ser especie en extinción. Mi hermana me veía tan contenta que quería venir conmigo al Colegio, pero no podía entrar porque aún no había cumplido dos años. ¿Pensaba yo entonces en la Biología? No, pero disfrutaba con los animales y las plantas en mi casa, en el Colegio, en El Retiro donde estaba entonces la Casa de Fieras, un pequeño zoológico, al que nos llevaban nuestros padres con frecuencia, y a la Rosaleda, al Jardín Botánico, etc. Hace 50 años yo sólo tenía 4, vivía con mis padres, mi hermana y mis abuelos maternos, los paternos ya habían fallecido. Estaba aprendiendo a leer y a escribir mis primeras palabras, en el Colegio me enseñaban a coser sobre una tarjeta de cartulina, a no hacer ruido porque se molestaba a las niñas mayores, que estudiaban de memoria, a respetar las plantas y los animales, etc. Pero las cifras y los números ya los había aprendido en casa antes de comenzar el Colegio, sin tener cumplidos los tres años. Recuerdo con qué paciencia mi madre y mi abuelo materno, que tenían todo el tiempo del mundo para mi hermana y para mí, contestaban a las preguntas que les hacía sin parar. En una pizarra que teníamos en casa, la Escuela de mi madre que no ejerció más que con nosotras, aprendí a escribir las cifras del 1 al 9 y como eso me pareció poco pregunté ¿y después del nueve? Me explicaron que detrás del nueve iba el diez y yo pregunté ¿eso cómo se escribe? Me contestaron un uno seguido de un cero. Así seguí preguntando hasta llegar al 99. Entonces volví a decir ¿y después? Me explicaron que iba el cien ¿y cómo se escribe? y yo seguía y un uno y cuatro ceros ¿cómo se lee? De este modo llegamos a escribir esa misma tarde un uno seguido de dieciocho ceros, un trillón, pasando por millones, miles de millones, billones, etc. En ese momento me di cuenta por primera vez que existía el infinito y un trillón ya me parecía muy grande. Yo ya quería ser profesora y me empezaba a inclinar por las Matemáticas.

En el Colegio en el que estudié hasta terminar el Bachillerato nos hicieron un test y me aconsejaron que estudiara Ciencias Biológicas, pero yo seguía con mi inclinación hacia las Matemáticas. Mi madre quería que siguiera sus pasos estudiando Magisterio y Farmacia y tampoco pudo conseguir que yo cambiara de idea. Pedí a mis padres que me llevaran a hacer Preuniversitario al CEU y, haciendo un gran esfuerzo, lo hicieron. Allí encontré grandes profesores y excelentes personas. Mi profesor de Matemáticas de Preuniversitario, D. Andrés María Gutiérrez Gómez, también quiso hacerme cambiar de idea pero no lo logró, yo seguía firme con mi ilusión por estudiar Matemáticas. Entonces se elegía la sección de Ciencias en segundo de carrera, pues Selectivo era un curso común a todas. Seguí en el CEU el curso siguiente haciendo Selectivo de Ciencias y mis profesores, en especial D. José María Marinas Rubio, profesor de Química, quería que yo estudiara CC. Químicas y D. Joaquín Rojas, también excelente profesor, me hizo poner CC. Geológicas en segundo lugar.

El día 20 de diciembre de 1968 llegué a esta Facultad como alumna para hacer mi primer examen de Química, era ya de noche, el edificio estaba en obras, aún estaba húmedo y hacía mucho frío. Me caí en la valla de obra y me destrocé las manos y las rodillas. Aún así, con guantes y bufanda, hice un buen examen que D. José María Marinas me regaló y aún conservo. Nosotros éramos alumnos de la Complutense, con dispensa de escolaridad y cuando tocaba examinarse teníamos que bajar desde Julián Romea a la Facultad. Lo mismo para hacer las prácticas de laboratorio. Recuerdo que quien me dio las de Biología es un licenciado de la primera promoción, Adolfo Martín Domínguez. Disfrutaba estudiando Biología, Química, Geología pero sobre todo Matemáticas. Todos los profesores eran excelentes. Después de mi familia, los mejores profesores de Matemáticas los encontré allí. En Selectivo me dio clase de Álgebra D. Antonio Pardo Fraile y de Cálculo D. Santiago Morga Carrascoso, cuyas pizarras daban ganas de fotografiar. Aún guardo mi cuaderno con los problemas de ese curso. Mis profesores de Matemáticas del CEU siempre me han orientado y resuelto mis dudas mientras hacía la carrera y eran los primeros que veían mis papeletas con las notas, antes que mi familia, a la que previamente informaba por teléfono de la calificación y les decía que me iba al CEU a ver a mis profesores.

Antes de terminar la carrera de Ciencias, Sección Matemáticas, como figura en el Título, D. Pedro Abellanas Cebollero, Catedrático de Álgebra y Geometría, me llamó para ofrecerme la posibilidad de dar mis primeras clases, como Alumna Monitor en Prácticas, de Álgebra y Cálculo en Selectivo de Ciencias, antes de cumplir los 21 años. No lo tenía que pensar, me hacía mucha ilusión quedarme como profesora en la Universidad, le contesté al instante que sí. Siempre le estaré agradecida por la oportunidad que me dio de aprender. Es entonces cuando vuelvo a la Facultad de CC. Biológicas, ahora como profesora, siendo todavía alumna de quinto curso. Al año siguiente, ya licenciada, D. Pedro Abellanas me asignó un grupo de prácticas a las 12 de la mañana, pero una compañera se lo adjudicó y yo decidí no enfrentarme, además mis profesores del CEU, sin yo pedirlo, me ofrecieron dar clase allí y también me hacía ilusión tener como compañeros a mis antiguos y admirados profesores, de este modo seguiría aprendiendo.

Mi primera impresión de esta Facultad, en diciembre de 1968 fue de frialdad, el recuerdo del curso 1972-73 es más cálido y de agradecimiento a mis primeros alumnos. Hasta entonces sólo había dado clase a una niña un verano cuando yo tenía pocos años, porque me lo pidió mi madre, y a mi hermana que, gracias a Dios, entendía a la primera pues yo no tenía entonces paciencia para repetir. Algo que he conseguido gracias a mis alumnos, dando clase día a día desde aquel ya lejano octubre de 1972 hasta hoy sin interrupción. He cambiado de Centros pero no de profesión. He dedicado toda mi vida al estudio y a la enseñanza, mi vocación.

Empecé en el CEU el 1 de agosto de 1973, recién licenciada, sustituyendo en el curso de verano a Albino Arenas Gómez, que así se pudo ir de vacaciones. Acabado el curso de verano me ofrecieron quedarme pero yo les puse la condición de que mi horario no me impidiera seguir en la Facultad. Por la razón que apuntaba antes dejé la Cátedra de Álgebra y Geometría no sin pena y sin decirle ni entonces, ni nunca, a D. Pedro Abellanas la verdadera razón. Estaba muy contenta en el CEU pero mi madre me insistía en que debería hacer la Reválida de la Licenciatura, la Tesis y que siguiera avanzando como lo hacían mis alumnos, yo no podía defraudarla, comprendía que tenía razón. Mi antiguo alumno del CEU, Santiago Velilla Cerdán, hoy Catedrático de Universidad, me animó y me dejó apuntes y libros para preparar la Reválida porque ya habían pasado ocho años desde que había terminado la carrera. Aprobada la Reválida, seguí viniendo a la Facultad de Matemáticas, que todavía compartía edificio con la de Físicas, para hacer los cursos de Doctorado y más adelante la Tesis con el Catedrático de Estadística e Investigación Operativa Francisco José Cano Sevilla que tuvo mucha paciencia conmigo porque por aquellos años yo ya tenía obligaciones familiares ineludibles y empecé a hacer Oposiciones.

En el Colegio Universitario del CEU impartí clase de Bioestadística a los alumnos de segundo de la licenciatura de CC. Biológicas. Entonces la asignatura era anual y se cursaba en segundo y no en primero como ahora. Mis profesores y ahora compañeros me dijeron que debía estar en contacto con la Facultad para explicar el mismo programa. Fue entonces cuando encontré por primera vez a Alberto Pérez de Vargas y a Mª Cristina Martínez Calvo, quienes pasados los años, como luego explicaré, me dieron la oportunidad de regresar a la Universidad Complutense. También fui a ver a Alicia de la Peña, que cuando estaba aún en el pisito me ayudó a preparar algún ejercicio de Bioestadística útil para la asignatura de Genética. Siempre he tratado, desde mis comienzos como profesora de contactar con los compañeros que impartían otras asignaturas para motivar lo mejor posible a mis alumnos, poniendo en práctica el principio didáctico de la interdisplinariedad, fomentando las conexiones existentes entre las distintas ramas de la Ciencia para evitar la atomización de los conocimientos y, siempre que he podido, les he hecho ver la necesidad de las Matemáticas y de la Estadística.

Siguen pasando los años y un día me comunica mi profesor de Matemáticas de Preuniversitario que deja vacante una plaza en la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Forestal y me anima a concursar. Le hago caso y tengo la suerte de ser seleccionada. Aún recuerdo el día que me dan la noticia, es el 25 de marzo de 1984. Ya vuelvo a la Universidad, al lado de Biológicas, pero pertenezco a la Universidad Politécnica. Allí tuve la suerte de trabajar en la Cátedra de otro gran profesor, D. Rafael García Aráez, con el que había compartido alguna clase en el Colegio Universitario del CEU y a la vez de conocer a grandes personas y excelentes profesores, entre los que tengo que destacar a la Dra. Felisa Núñez Cubero y a Emilio Manrique Menéndez en los que siempre he encontrado apoyo, ayuda y comprensión. En la Escuela Forestal estaba muy contenta compatibilizando las clases con las del CEU, pero al salir plazas a Concurso-Oposición en la UPM me animaron a presentarme. Elegí las de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial porque salían juntas dos plazas en la misma convocatoria. Obtuve plaza en esa Escuela en la Cátedra de Álgebra y tuve la suerte de conocer al Catedrático Agustín de la Villa Cuenca, a quien agradezco su amistad y ayuda desde entonces. En esa Escuela volví a encontrar a un antiguo compañero del CEU, y ya Catedrático de Física, Albino Arenas Gómez, otro gran profesor, muy trabajador, inteligente y buen amigo.

No he tenido la necesidad de pedir dar clase donde me hacía ilusión, me la han ofrecido y yo lo he aceptado gustosa. No he buscado nunca una plaza en el BOE, siempre una mano amiga lo ha hecho por mí. Cuando estaba ya convencida de que me jubilaría en el CEU, surge la oportunidad de volver a la Universidad y así regreso. Cuando pienso que ya seguiría hasta mi jubilación en la E.U.I.T.Industrial, me avisan que salen plazas en la Complutense y no dudo en hacer otra Oposición de la misma categoría para volver a mi Universidad de la que no me hubiera querido marchar. Así, en febrero de 1990 me incorporo al Departamento de Matemática Aplicada (Biomatemática) en el que sigo dando clase hasta el día de hoy. Tengo que agradecerles a Alberto Pérez de Vargas y a Mª Cristina Martínez Calvo el darme la oportunidad de volver a la Universidad Complutense, su gran apoyo, el haberme acogido tan bien desde el primer día, el permitirme terminar el curso 1989-90 en la E.U.I.T.Industrial para no perjudicar a los alumnos a los que no quería abandonar a mitad de curso, la confianza que siempre han depositado en mí, el ayudarme para que obtuviera una plaza de Titular de Universidad, su gran paciencia conmigo, el nombrarme Secretaria del Departamento bajo su Dirección,… Desde el curso 1990-91 he trabajado muy contenta en este Departamento donde he reencontrado a mi antiguo profesor de la licenciatura, Emiliano Fernández Bermejo, luego también compañero en el Colegio Universitario del CEU y hoy por desgracia fallecido. Aquí también he ganado más amigos no sólo en el Departamento sino también en la Facultad en la que hay personas extraordinarias en todos los cargos y puestos, que cuanto más los conoces más los valoras.

Doy las gracias a todas las personas que he ido encontrando a lo largo de mi vida: amigos, profesores, compañeros y personal de todos los Centros de estudio y de trabajo y a los alumnos, que he tenido la suerte de conocer, algunos de ellos los he vuelto a encontrar siendo ya profesores universitarios como Santiago Velilla Cerdán, Álvaro Martínez del Pozo, Antonio Álvarez Badillo, Luis Felipe Mazadiego, Juan Carlos Miangolarra Page,… Mis profesores me enseñaron a atender a los alumnos personalmente con atención, respeto y justicia. No puedo dejar de citar entre los de la Licenciatura a los Catedráticos D. Fernando Bombal Gordón, que me dio clase de Análisis Matemático en 2º de carrera, recién llegada del CEU, D. Joaquín Arregui, D. Sixto Ríos, D. Baltasar Rodríguez Salinas y también todos los profesores, algunos que empezaban entonces como Ireneo Peral que me insistía en que no me dedicara a dar clase en Enseñanza Media. De todos he aprendido mucho y todos me han ayudado. En la Facultad de Matemáticas siempre ha habido un buen ambiente. Los bedeles disfrutaban entregándonos las papeletas casi tanto como nosotros al comprobar las notas. No puedo dejar de citar a Rafael, Pedro y Benjamín que siempre nos ayudaban para acercarnos a los profesores.

A mis padres y a mis abuelos, les agradezco su sacrificio para darme la mejor formación posible y su ejemplo y ayuda para aprender y valorar lo que es importante en la vida, por inculcarme el gusto por el trabajo bien hecho, por enseñarme a no escatimar esfuerzos. Mi madre, cuando me enseñaba Matemáticas me hacía comprobar todos los resultados. Cuando aprendí a restar, tenía que sumar la diferencia y el sustraendo, cuando aprendí a dividir comprobaba el resultado multiplicando y sumando o haciendo la prueba del nueve. Comprobábamos siempre las soluciones de las ecuaciones y de los sistemas. Al hacer integrales derivaba siempre el resultado, etc. Hoy sigo haciendo siempre las comprobaciones y se lo aconsejo a mis alumnos que en algún modo lo son también de mi madre.

A mi hermana, que decidió estudiar Filosofía y Letras siguiendo el ejemplo de la mejor profesora que tuvimos en nuestro Colegio de Bachillerato, la Srta. Dª Leonor Palacio Muñoz, que le dio clase de Lengua Española, Latín y Griego, le agradezco toda su ayuda, ella es mi profesora de etimología, resuelve todas mis dudas, me corrige y es mi gran apoyo. Su ayuda inestimable cuidando a nuestros padres, hoy ancianos y enfermos, con todo su cariño y paciencia me permite seguir cumpliendo con mis obligaciones profesionales con la tranquilidad de que están muy bien atendidos hasta mi regreso.

¿Y cómo no voy a dar gracias a Dios por darme la oportunidad de ejercer la profesión que siempre soñé y en la Universidad en la que cursé mis estudios? Mirando hacia atrás el camino recorrido, puedo asegurar que merece la pena dedicarse a esta maravillosa profesión. Todo profesor con verdadera vocación disfruta con su trabajo, que hace de él una persona más jovial que los que teniendo la misma edad se dedican a otro tipo de actividades. Los profesores recibimos cada curso una inyección de vida con la nueva promoción de jóvenes alumnos. Al compartir con ellos las enseñanzas nos enriquecemos mutuamente y disfrutamos viéndoles crecer por dentro. Al transmitirles valores, actitudes y conocimientos éstos no se pierden sino que se multiplican, pues no son bienes materiales que disminuyen al compartirlos.

Gracias también a todas las personas que han ocupado y a las que ahora ocupan los puestos de responsabilidad en nuestra Facultad, que entienden, como a mí me enseñaron, que un cargo supone sacrificio y es un servicio y no la oportunidad para aprovecharlo en beneficio propio sino para el bien de todos y que hacen posible con su buena gestión que poco a poco aquella Facultad fría y húmeda que yo conocí, mejore en servicios, en seguridad y sea un lugar cada vez más cálido y acogedor.

Y gracias también a todos mis alumnos de los que aprendo constantemente y me mantienen con ilusión renovada. A todos ellos y a cuantos terminan este año la Licenciatura les deseo que acierten en su elección profesional, que tengan mucho éxito en su vida y en su trabajo y que disfruten con él al menos tanto como yo.