Mi historia del departamento de ecología, alias el "depa"
Germán Alonso Campos
Departamento de Ecología

En el 'depa' me dijeron una vez que el hombre era un animal excavador, como los topos pero con ojos. Y es verdad que muchos hombres sólo son felices excavando y, a veces, haciendo montones. Montones de pisitos. Lo suyo es no dejar el suelo como está.

También me enseñaron que los científicos sólo sirven bien de verdad para medir, y ayudar a formalizar correctamente los problemas del hombre, y a veces ni para eso.

También que las especies pueden sustituirse por cuentas de colores para explicar la dinámica de poblaciones o para aprender a calcular diversidad.

También que la ciencia es divertida, y que se pueden pescar robalizas en las rías del norte mientras se estudia Matemáticas, y hacer bien ambas cosas. Y que cuando se superan las derivadas y el análisis de la varianza resulta que se te abre todo un mundo de sensaciones.

También conocí a uno que hablaba de bits y de problemas ambientales, y así, de primeras, no hay mortal que entienda que ambas cosas están relacionadas.

Y algunos, incluso prohombres de la Ciencia, opinan que los ecólogos son unos tipos que no entienden de nada, o que no saben de qué entienden, o ambas cosas.

Claro es que esto de la Ecología se puso de moda al final de los 70's, como ahora la sostenibilidad o la biodiversidad. En esa época incluir la palabra Ecología en el título de una jornada, congreso o conferencia era asegurarse un éxito de público, que abarrotaba el local queriendo saber qué diablos era eso. Tanto éxito tuvo la palabreja que muchos colegas la añadieron a su actividad (socioecología, ecofisiología, antropología ecológica, econumismática, ...), y así le sobrevinieron contenidos y definiciones que ampliaron y ampliaron su significado parapetadas bajo su manto protector. Eso del estudio de los ecosistemas quedó para unos cuantos teóricos a los que casi ni se les entendía, y aún hoy apenas se les entiende.

Cuando yo estudiaba Ecología, al final de los 70's, era un añadido al final de la carrera, que no sabías si era para completar horas (entonces los créditos los daban sólo los bancos), o si era una rareza relacionada con el ciclo del Nitrógeno, que era como unir quinto con primero, donde estaba la química, cerrando el ciclo del conocimiento.

Vistas así las cosas, al acabar, pensé que mejor era darse una vuelta, a ver que había.

Y era cierto. Había animalitos y plantas, y sistemas agrarios, que entonces llamábamos sembrados, y gentes que sabían mucho de campo sin haber estudiado, pero que se quedaban perplejos cuando les enseñabas una fotografía aérea, pensando lo alto que debía estar el que la tomaba. Y eran gentes solitarias que se sentían muy solos, porque la ley Villar-Palasí había quitado los maestros de los pueblos, y el ICONA había plantado todo de pinos, que no crecían, se quemaban de vez en cuando, y traían atareados a una escasa dotación de vigilantes y cronistas de verano. Así que la gente se iba a la ciudad y dejaban todo hecho un asquito, sin cuidar y abandonado.

Cuando yo estudiaba la carrera había ecologistas. Eran AEPDEN (Nucleares NO, por supuesto), ADENA (que se cuidaba de los linces y los osos panda), y GATO (más raros y dedicados a la 'ordenación del territorio', una cosa horrorosa relacionada con planos y urbanizaciones, que digo yo que hubieran debido vivir castigados en Marbella). Y nos reunimos en Balsaín y Cercedilla para ver si formábamos una coordinadora, que se llevaba mucho entonces. Y es que en el 'depa' también enseñan historia.

Otra cosa que se piensa es que las sociedades humanas acumulan cemento como los vegetales lignina, y que la información contenida en un estado evolutivo permite predecir, si bien con algo de incertidumbre, los posibles estados futuros del sistema. Todo para ayudar a que no acabemos con el mundo que nos cobija.

Y también que estamos viviendo vertiginosamente en el punto central de una curva logística de crecimiento poblacional. Y que esto nos asusta. Cómo no iba a ser así, si hemos doblado la población desde que yo nací, o desde que nació mi colega José Manuel, que me saca veinte días, ¡ya no me acuerdo!.

Y es que mis compañeros del 'depa' son tipos que inspiran al estudiante, y capaces de mantener una conversación coherente después de pasar por el comedor de profesores como si no hubieran pasado.

Cuando volví por el 'depa', mediados los 90, estaba Pepe, que solucionaba todo, y sí no, no pasa nada, y si pasa se saluda, y ¡todo solucionado!. Todavía le echamos de menos.

También había un joven, hoy profesor en Vigo, que editaba una revista llamada 'Ecosistemas', que ya no sirve para colectar plantas porque se ha vuelto digital.

Y también hablamos en el 'depa' de corredores, que no son ni Abel Antón ni esos tan monos que hay en las prisiones estadounidenses, sino que conectan cosas. Y es que las flechas son tan importantes para los ecólogos como para los guionistas de un western. Conectan cosas aparentemente inconexas, lo que las diferencian de las de los bioquímicos, que son pura lógica química. ¡A ver si aquel prohombre tenía razón!.

Y, a partir de los 90's, el 'depa' se llenó de proyectos de ecólogo subcontratados, pero incombustibles. Tipos reticentes que no daban su brazo a torcer, entusiastas, que bebían ciencia empeñados en comprender el Caos y, lo más difícil, la Conservación de la Naturaleza, empeño probablemente absurdo del que la destruye, expresión del amor desamor, pensando que la culpa la tienen otros, que sólo cabe en la cabeza de este complejo ser dominante empeñado en vivir bien y reproducirse alegremente durante los veranos calientes de las playas del sur.

La línea de pensamiento predominante, aunque no única, trata de responder a las expectativas de dos monstruos de la ciencia, dos sabios, como han sido González Bernáldez y Margalef (conocido por algún estudiante como Margaleiev). Uno por su humanidad, su capacidad de reconocer las debilidades del hombre, la estulticia de algunos dirigentes sociales, el desamparo de los seres vivos de este planeta, y la sabiduría 'subyacente' en los aprovechamientos agrarios y en los procesos históricos. El otro por sus atrevidas propuestas, por sus definiciones, por su genialidad para dar y construir expresiones que explican lo observado y aún no probado. Ambos un tamdem único y complementario que deberían leer, y releer, y volver a leer, los que quieran saber de ecología.

No puedo terminar sin una referencia explícita a la cabeza visible, la imagen pública, la mano invisible, al profesor que ha dirigido el 'depa' en estos años, desde su creación, allá al principio de los 80's. ¡No me explico como, con estos mimbres, Paco ha conseguido que aún sigamos aquí!. Y es que, en las circunstancias que he relatado, ha sido todo un ejercicio de nadar y guardar la ropa dotar al 'depa' de personalidad propia, intentando no desdibujar su perfil ecológico y, a la vez, hacerle un hueco en las ciencias biológicas entre otros Departamentos señeros y de reconocido prestigio científico, crear escuela de conocimiento cooperando con otras áreas de conocimiento (forestales, agrónomos, hidrogeólogos, botánicos, planificadores, etc.), apoyar a movimientos sociales (ahí está la presidencia de ADENA), y todo ello demostrando capacidad de trasmitir y entusiasmar a jóvenes estudiantes. Son muchos alumnos los que lo reconocen públicamente, y esa es la mejor recompensa a la dedicación docente.

Lo dicho, la vida es bella.