ESPECIE RELIPTICA
Benjamín Fernández Ruiz
Catedrático de Biología Celular de la Facultad de Biología

Me presento, soy Benjamín Fernández Ruiz, nacido en Ciudad Real el 17-09-40, biólogo de la VII Promoción (1958-1963) de la Sección de Biológicas de la antigua Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid (vayan fijándose en las denominaciones para calcular los tiempos).

Una advertencia previa, en realidad terminé mi carrera con la VI Promoción, es decir un año antes (en el 62), junto a nuestras queridas compañeras Margarita Flores (jubilada voluntariamente) y Maria Helena Cantarino, en numantina actividad actual igual que un servidor. Lo que ocurrió es que yo empezé con mis compañeros de orla pero en tercero estudié tercero y la mitad de cuarto y al año siguiente la mitad que me quedaba de cuarto y quinto y así acabé un año antes. Por tanto Maria Helena y yo somos los biólogos mas “históricos”, hoy día, en nuestra Facultad.

Cuando miro el cuadro de profesores de nuestra Facultad observo como en él figuran un gran número de algunos de los excelentes antiguos alumnos a los que tuve la suerte y el honor de tratar de enseñarles algo de nuestra preciosa carrera. Y al verles jóvenes, maduros, pujantes, yo ya me considero como una especie relíptica y que quizá me debería ir planteando donar mi esqueleto al fabuloso museo de la planta IX, creado por el querido Manolo Fernández Cruz .


La idea del Decanato y coadyuvantes de elaborar un libro en el que con diversas contribuciones hagamos parte de la historia de éstos últimos cincuenta años, me pareció magnífica. A veces tengo la sensación de que hemos descuidado en demasía nuestro conocimiento de la propia historia en todos sus aspectos: universal, nacional, familiar, académico...y olvidamos que la historia además de recuerdo es enseñanza a tener en cuenta, aunque sólo fuera para evitar volver a repetir errores.

Mi promoción sea la sexta o la séptima, podría definirse como las sinfonías con un apelativo especial y en nuestro caso sería el de la VII Promoción ó “Peripatética”. ¿Por qué? Veamos: el primer curso o selectivo lo dábamos en los distintos edificios de las actuales Facultades de Física y Químicas. Por cierto que en el puente que une ambas facultades existía una preciosa capilla en la que a diario se celebraba la Santa Misa y no éramos pocos los que asistíamos a ella. Los llamados “progres” de toda la vida (es decir hasta que dejaron de serlo) nos consideraban fachas o meapilas y en cuanto pudieron se cargaron la capilla de Ciencias, pero siguieron y creo que aún siguen las de Farmacia, Letras y Derecho al menos en este llamado Campus de Moncloa.

Lo anterior ha sido una disquisición muy propia de quien esto escribe, y que algunos no perdonan, pero sigamos con lo de la peripateia. Al comenzar nuestro segundo curso era el ir y venir de un sitio para otro: en el viejo caserón de San Bernardo, con un frío polar, recibimos las enseñanzas de Criptogamia por D. Pedro Guerrero y de Citología e Histología Vegetal y Animal por mi recordado y querido maestro el Profesor Doctor Don Alfredo Carrato ibáñez. En el sótano, que rezumaba humedad por sus paredes de las que incluso se caían fragmentos, estaba el laboratorio de prácticas y de ellas se ocupaban dos personas muy especiales para mí. Una profesora rubia, de ojos azules, bien guapa, con aire de Lana Turner, coquetuela, pero totalmente sorda pese a los audífonos de los que disponía, que hacía unos preciosos dibujos en la pizarra con las tizas de colores y que tenía un genio dependiente de las condiciones climáticas. Se llamaba Dª Emilia García San Nicolás. Con el tiempo fuimos los dos únicos Profesores Adjuntos de los que disponía el Dr. Carrato. Como ayudante del laboratorio, se encontraba un señor que siempre tuvo aspecto de mayor, procedente del Museo Nacional de Ciencias Naturales (en donde trabajaba por las mañanas), llamado Jacinto de Mingo, que era el encargado de preparar los cortes histológicos. Jamás he conocido a nadie, ni en España ni en el extranjero capaz de manejar con tal maestría el llamado microtomo de mano o de Ranvier, con su correspondiente médula de saúco y la navaja barbera. Ni los cortes por congelación o por parafina podían superarlos. Era un artista y dentro de mis limitaciones procuré aprender al máximo de él.

Las clases de Fanerogamia las recibíamos en el Jardín Botánico de Atocha. Las Gimnospermas nos las explicaba un Ingeniero de Montes, con aspecto de lord inglés, bigote rubio con las guías hacia arriba, fumador en pipa, llamado Eduardo Balguerias. Aún recuerdo la enorme variedad de especies de pinos: Pinus silvestris, montana, nigra, pinea, canariensis...Las Fanerógamas nos las impartía el Profesor Jordán de Urríes, pariente lejano de Félix de Azara eminente darwinista español. El profesor Jordán tenía un físico muy particular, era bastante bajo de estatura, algo petudo como dicen los canarios (es decir ligeramente cheposo) y ello le llevaba a tener cierta suspicacia ante cualquier evento. A mí concretamente no me tenía ninguna simpatía, porque yo era delegado de curso y siempre le tenía que dar explicaciones o pedir permisos para tal o cual cosa y se desesperaba conmigo, pero admitido esto hay que reconocer que fue un excelente profesor y aprendimos botánica a fondo.

Algunas clases, al menos hasta mediado el curso segundo, las recibimos en lo que entonces se llamaba Estomatología, hoy Facultad de Odontología. Por ejemplo los Invertebrados no Artrópodos impartidos por el Profesor D. Rafael Alvarado, nos volvía locos con su erudición y sus citas en alemán, era la llamada asignatura coco, algunos se la dejaban hasta quinto curso. Era un auténtico hueso, pero reconozcámoslo también se aprendía con él y con su colaborador Don Julio Álvarez (algunas compañeras le recuerdan muy especialmente) quien nos sacaba cajas repletas de conchas para clasificarlas, orientarlas, reconocerlas...y también aprendimos lo suyo. Algunas clases teóricas de Geografía Física, impartida magistralmente por el Dr. Don Francisco Hernández Pacheco, también las recibimos en Estomatología, si bien las prácticas las teníamos en el Museo de Ciencias Naturales, Castellana arriba.

Las gestiones administrativas las llevábamos a cabo en la antigua Secretaría de la Facultad de Ciencias situada en el pabellón de Químicas, me parece recordar que el jefe era Don Gregorio Nicolás (padre de un compañero de la sexta promoción y actual Catedrático de Fisiología Vegetal en Salamanca) y de la sección de biológicas se encargaba la Srta, Carmen Pineda que con posterioridad pasó a ser la Jefe de Secretaría, ya en la Facultad de Biológicas.

A mediados de éste segundo curso nos trasladamos al llamado e inolvidable “pisito”, situado en la planta cuarta del Pabellón 5º de la Facultad de Medicina. Fue una gran conquista el tener un espacio, toda una planta nada menos y no tener que ir de la ceca a la meca. Cierto que no teníamos Facultad propia, pero algo habíamos ganado. El “pisito” merece una monografía porque hemos sido muchas promociones las que hemos pasado por él y fue testigo de muchas vivencias incluídas las de amores y de desamores.

Pero pese al pisito aún nos quedaba un resto de peripateia hacia la Facultad de Farmacia en donde manera magistral nos impartían la Bioquímica, los aspectos teóricos un señor guapísimo (al decir de las compañeras), de ojos claros, voz sugerente, siempre en perfecto estado de revista, con olor a colonia fresca, el Dr. Federico Mayor Zaragoza, en aquellos momentos Profesor Adjunto del recordado Doctor Don Ángel Santos y mas tarde Catedrático de Bioquímica, Rector, cargazo del Ministerio y Presidente de la UNESCO, un lujo para quienes fuimos sus alumnos porque además explicaba francamente bien y nos examinaba oral. Las prácticas de laboratorio nos las explicaba una preciosa mujer y así sigue, que era la Doctora María Cascales que además de excelente docente ha sido siempre una mujer ejemplar en el terreno científico, trabajando sin desmayo y así lo han reconocido varias Reales Academias acogiéndola en su seno.

En el pisito recibimos varias enseñanzas de materias ya completas. Los Artrópodos nos los explicó el Profesor Don Juan Gómez Menor y las prácticas las impartía su hijo. Prestaba un particular interés en la explicación de los procesos copulatorios pero al mismo tiempo desarmaba la boquita del artrópodo y allí salían maxilas, maxilípedos, palpos, labro...¡lo sabia que es la naturaleza! La Genética nos la explicaba o mejor dicho trataba de explicar un profesor que era Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Dr. Eugenio Ortiz de Vega. Como persona un diez, cómo profesor...

Los Cordados era la asignatura explicada por el Profesor Don Francisco Bernis. Recuerdo con admiración su facilidad para dibujar en la pizarra, en una mano como un cuenco tenía las tizas de colores y con la mano derecha iba seleccionando el color correspondiente para dibujar el esqueleto del pez o la pluma del ave o la cintura braquial de un mamífero. Y todo ello lo explicaba como sin darle importancia, con cierta desgana, como si fuera lo natural y que por supuesto todos debíamos ya conocer. Lo de Antropología es de punto y aparte. Cuando aparecía, nos la impartía el Profesor Pérez de Barradas, que no seguía ningún orden del programa y cuando no asistía, le suplía un sacerdote del que sólo recuerdo se llamaba o llamábamos “el cura Pepe”, pero entre ambos hicieron lo imposible para que nuestros conocimientos antropológicos fueran mas bien escasos.

La Fisiología Vegetal era responsabilidad del Profesor Don Florencio Bustinza Lachiondo. Aspecto de sabio distraído, amigo de Sir Alexander Fleming a quien le dedicó una biografía. Mandaba a algún alumno llenar la pizarra con las fórmulas y reacciones que él ya traía preparadas y sobre las cuales luego explicaba. Una de sus prácticas mas famosas era la de elaborar el famoso licor “cointreau”, en un recipiente grande y ancho de cristal, se llenaba parcialmente de alcohol absoluto, y sobre el líquido pero sin llegar a tocarlo se suspendían en una bolsa de rejilla una serie de naranjas. La boca de la bolsa se sujetaba con el tapón de corcho y se cerraba herméticamente. Se mantenía en nevera cierto tiempo al cabo del cual se abría el recipiente, se retiraba la bolsa con las naranjas que se habían ido exprimiendo de manera natural y con el líquido subyacente se le añadía azúcar y algo de leche creo recordar, y ya estaba listo para su consumo que hacíamos conjuntamente Don Florencio y nosotros sus alumnos.

En Microbiología fue un año raro, la impartió el Profesor Julio Pérez Silva, un canario alto y tranquilo, con muy buena pizarra. Pero hacia mitad de curso resultó que la Cátedra de Microbiología la había obtenido un Profesor llamado Don Dimas Fernández Galiano quien permitió a Don Julio que terminase el curso, si bien ya era él el Catedrático Titular.

La Fisiología Animal, que se impartía en quinto curso, nos fue explicada magistralmente por el Profesor Don Salustio Alvarado. Era todo un señor en su porte, siempre con traje completo con chaleco, reloj de bolsillo y tanto nos impartía la teoría cómo las prácticas disecando y aplicando el quimógrafo para que observásemos la contracción del gastrocnémico de la rana.

Y por fín la última asignatura que cursábamos, ya en quinto, era la Paleontología. Tenía dos partes: una Paleontología Humana que la explicaba el entonces Padre Emiliano Aguirre S.J. y una Paleontología General impartida por el genial Profesor Don Bermudo Meléndez , ayudándole en el laboratorio las famosas “Pepa” y Conchita. Ciertamente que fósiles también aprendimos. Y para que las actuales generaciones se hagan cargo del nivel de vida de entonces, les pongo en su conocimiento que D. Bermudo tenía como medio de transporte una vespa y como abrigo una trenca con capucha. Sus clases siempre eran a última hora de la tarde, por lo que en el invierno salíamos de noche para coger el famoso tranvía “el Pepe”, que hacía el trayecto Moncloa-Universitaria.


Se me olvidaba constatar, que en nuestro plan de estudios y en el de muchas otras promociones, era obligatorio para terminar la carrera tener aprobadas “las marías”: el dibujo que lo impartía un señor llamado Don Serapio; el inglés que se aprobaba haciendo una traducción facilita ( pero téngase en cuenta que en nuestro bachillerato se daba francés); la formación política nacional que la impartía un llamado mando falangista y en cuyo examen, en el aula magna de Farmacia, todos copiábamos como bellacos; la educación física ( las féminas tenían que ir provistas de los llamados “pololos”, capaces de evitar la lujuria al mas salido, para hacer unas tablas en el entonces Colegio Mayor La Almudena y los varones a los campos de deportes para saltar una cuerdecita situada a medio metro del suelo, o el plinto) y los sábados por la mañana clase de religión impartida por un sacerdote tan reliptico como el que subscribe. Pero el caso es que había que aprobarlas y a no pocos les tocó algún disgusto al no poder acabar la carrera por culpa de alguna maría. No existían esas denominaciones actuales de troncales, obligatorias, optativas, de libre elección...Entonces teníamos cuatro o cinco asignaturas obligatorias por curso mas las “marias” repartidas a lo largo de la carrera y tan contentos.


Al hacer el repaso de cómo fue nuestra carrera, quiero dejar constancia de quienes éramos los componentes de aquella promoción. De una manera rápida y evidente hay que destacar que se trataba de una promoción con un gran número de frailes y monjas, de los que en activo en su profesión religiosa sólo quedan la Hermana Guerra, canaria, dominica; el llamado cariñosamente Hermanillo Joaquín de los PP.Corazonistas y un Padre Capuchino, el Padre Amunárriz, navarrico y listo como ninguno, que iba con su hábito marrón, su cíngulo y sus grandes barbas ya incipientemente canosas porque era mayor que nosotros (lo que ha sido su vida posterior como misionero en la selva ecuatoriana merecerían un tratado especial). Dos jóvenes religiosos, pertenecientes a los marianistas-S.M. (la Congregación del famosísimo colegio de El Pilar, en donde estudiaron gran parte de los dirigentes del PP y del PSOE y que debieron recibir una excelente educación, dado lo bien que les ha ido a ellos, pese a provenir de la enseñanza en un colegio religioso), ambos vestidos de paisano, con riguroso traje negro, camisa blanca y corbata negra. Por su aspecto podría interpretarse o bien que eran huérfanos recientes o incluso viudos en la flor de la vida. Uno era de Cádiz y se llamaba y se llama Enrique Méndez, en la actualidad en Chile dirigiendo un Colegio y el otro era de Ciudad Real, se llamaba y se sigue llamando Benjamín Fernández que en la actualidad se encuentra escribiendo un memorando sobre los cincuenta años de la fundación de la carrera de biológicas. Me quedan por añadir un par de monjitas (por su pequeña talla) de la misma congregación, de una de ellas recuerdo que se llamaba la Madre Frías y de la otra no recuerdo (la edad no perdona).

El resto de compañeros eran personas “normales”, lamentablemente algunas de ellas ya fallecidas como Avelino Pérez Geijo, Javier García Ferrero, Manolo Ramallo. Los demás compañeros pudimos celebrar todos juntos nuestras bodas de plata del fín de carrera, con gran parte de nuestros profesores. Los componentes eran: Carmen Dobao (una mujer morena a lo Julio Romero de Torres, madre de mis dos hijos Nicolás y María y abuela de mis nietas Elena y Beatriz), Menchu Ortiz de Lanzagorta ( con el tiempo autora de unos de los mejores libros de Biología de COU), Nina Macho, Leonor Sainz, Guadalupe Cruz , Conchita Ronda, las hermanas Marcos: Agustina y María Luisa, Adelaida Robles, Carolina Codornié. Todas estas compañeras eran y son de gran valía científica y de una sobresaliente belleza (unas mas que otras, claro, porque eso siempre pasa). De varones: Rubens López, Agustín Sánchez, Gonzalo Pérez Silva, Javier Castroviejo, Manolo Robles, todos ellos han llegado a los máximos niveles dentro de su profesión. Ocurría además que algunas personas que ya tenían otra carrera compartían con nosotros algunas asignaturas, como era el caso de Carlos Pérez Iñigo, José Antonio Arroyo, Paco Ramos, Carmen Bautista y algunas mas.

Fuímos un grupo humano muy unido, compactado, buenos estudiantes en general y que a pesar de los años transcurridos seguimos manteniendo nuestra amistad basada en los años felices de la carrera. Para no cansar, voy a citar dos anécdotas. La primera es que estando en clase de Genética explicando D.Eugenio Órtiz de Vega los problemas inherentes a la incompatibilidad ente el rh positivo y negativo en las relaciones de pareja, Menchu Ortiz, que estaba próxima a contraer matrimonio se puso a llorar de manera desconsolada, dado que entre su futuro marido y ella se daba esa incompatibilidad. Con el fín de consolarla, nuestro querido compañero Javier García Ferrero (q.d.p), que era totalmente tartamudo la dijo: no te preocupes, mira mis padres tienen esa incompatibilidad y yo tan normal. Con lo cual Menchu llenó los mares con su llanto, como dice la canción.

La segunda anécdota y última es sobre lo que hacíamos para sacar dinero para el paso del ecuador. Constituímos un grupo que actuábamos al atardecer por los Colegios Mayores, sobre todo los femeninos y montábamos nuestro pequeño show y luego pasábamos la gorra. El antes citado Javier García Ferrero tocaba la bandurria y a la vez interpretaba con un entusiasmo desenfrenado y grotesco la canción de “En la huerta del Segura”, había gente que lloraba ante tal puesta en escena. Manolo Ramallo acompañado de su hermano, ambos gaditanos, tocaban la guitarra y junto a ellos cantábamos Enrique y yo, canciones de la tuna, rancheras, algún bolero. Javier Castroviejo, que era un fabuloso gimnasta preolímpico, se ponía su ajustado uniforme blanco de gimnasta con lo que el “paquete” de la región pelviana no pasaba desapercibido ante las incrédulas jóvenes que no creían lo que veían y sobre todo lo que imaginaban. Javier hacía unos excelentes números sobre el suelo y recuerdo con admiración como apoyándose sobre una mano abierta sobre el suelo, el brazo correspondiente vertical, situaba el resto del cuerpo en paralelo con el suelo. Genial. El abajo firmante se disfrazaba de payaso (tampoco es que le hiciera mucha falta) con su nariz porreta de pelota de pin-pon, peluca, unos enormes pantalones y unos grandísimos zapatos, hacía imitaciones de personajes famosos, recitaba poesías jocosas y contaba chistes. Cómo el público solía ser agradecido pues nos echaban algunas perrillas y en algo contribuyeron al típico viaje del ecuador a Palma de Mallorca.

La enseñanza que recibimos fue fundamentalmente teórica, eso sí explicada por profesores magistrales, pero aparte de nuestras prácticas de laboratorio, también tuvimos algunas salidas de campo, por ejemplo a la laguna de Ontígola (Aranjuez) para coger hirudíneos (sanguijuelas) con Don Juan Gómez Menor y ver los terrenos yesíferos, coger micas, etc, con Don Francisco Hdz-Pacheco. A Prádena con el P. Aguirre para recoger micromamíferos. Una salida de varios días al levante con el Prof. Jordán de Urries para herborizar. Al Ventorrillo de Navacerrada en donde había un chalecito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y allí recolectamos insectos, anillamos aves…Al Escorial ibamos a recoger larvas de quironómidos para tratar de ver los cromosomas gigantes…En fin que entre unas y otras creo que recibimos una formación integral, de la que me encuentro orgulloso y de la que veo carecen las actuales promociones. ¿Qué es mejor? El tiempo lo dirá, pero yo me quedaré sin conocer el resultado, ley de vida.

Tal y como señalé con anterioridad yo acabé un año antes que los de mi promoción y por tanto me incorporé al viaje fín de carrera de los sexta promoción en el año 62. El pretexto científico era recorrer los acuarios de la costa catalana, sur de Francia y norte Italia hasta Venecia, por supuesto. Quien mejor podría referir anécdotas y recuerdos sería Margarita Flores, no se si lo hará. En Mónaco, aparte de visitar y admirar el fabuloso acuario, por la noche fuímos a su prestigioso casino. Pero resulta que venía con nosotros un compañero que era y es sacerdote claretiano, el Padre Vitalino Aller. Claro no le dejaban entrar vestido de cura, entonces entre unos y otros le vestimos de seglar y con un aspecto de espía que venía del frío logró entrar, no le dijo Ave María Purisima al portero pero le faltó poco. Tras recorrer entre las mesas de juego y observar hasta donde llega la estupidez humana de unos jugándose y perdiendo millones, mientras otros a pocos kilómetros se mueren de hambre, nuestro delegado de curso Miguel Torres Cervigón se atrevió a introducir unas monedas de los llamados entonces francos nuevos en una de las maquinitas tragaperras. En un momento determinado la máquina se volvió loca con sonidos, luces y vomitando francos sin cesar, todo el mundo a nuestro alrededor y nosotros pobres parias biólogos, nos fuimos al bar y a base de Moet Chandon, Curvoisier, Remy Martin y otros elixires, fuimos neutralizando el pH de nuestras encías.


Según se han ido apilando sobre mi soma y sobre mi psique los años, se ha ido revalorizando de manera importante en mi quehacer universitario la figura de los “bedeles” de entonces. Ahora parece que es ofensivo utilizar éste término y se emplea el de PAS, me parece la misma estupidez que cambiar la palabra tan bonita de maestro por la de profesor de EGB. ¡Siempre estamos descubriendo el mundo! Había mientras estudiaba la carrera, bedeles que eran auténticos “jefones”, uno en Geológicas que era Pepe Garzón y otro en Biológicas Gilberto Herrero. Ya que estamos en el cuarto centenario de la publicación del Quijote, se podía hacer el simil con ellos de Don Quijote y Sancho, porque Pepe era alto y delgado, Gilberto mas bien bajito y gordo. Cada uno de ellos controlaba perfectamente todo que ocurría en su correspondiente sección y lo mas admirable es que sabían de todo y solucionaban todo, sin tanto vale y tanta mandanga como hay en la actualidad .

De Garzón recuerdo una anécdota del examen práctico de Geología del selectivo que tuvimos en San Bernardo, siendo responsable Don Maximino San Miguel. Nos daban los llamados “tarugos” cristalográficos y había que reconocer a que sistema de cristalización pertenecían, cuales eran sus ejes, etc. Los alumnos en general estábamos bastante peces al respecto, pero Pepe se acercaba y en voz bajita decía: sistema tetragonal, un eje cuaternario, dos binarios…(no recuerdo cual era lo correcto, pero él se lo sabía y nos lo comunicaba). De mi querido Señor Herreros, porque así le llamábamos “señor”, tendría infinidad de recuerdos que referir, pero me voy a limitar a señalar dos. Uno es que en los bajos de Químicas había un almacén general de productos que lo llevaba él y si necesitabas alcohol, permanganato potásico, una probeta, un erlenmeyer, lo que fuera, él, previo vale, lo proporcionaba y si no lo encargaba. Y el otro es cuando llegó el momento de hacer el traslado de las cosas del pisito a la actual Facultad, con otros bedeles, un camión y un montón de cervezas y tortillas que sufragó en gran parte el autor de este recordatorio, el señor Herreros dirigió la operación mejor que los de Gil Stauffer o La Toledana. Ya se que habrá alguno que tenga una opinión discordante con la mía, pero yo expongo la que viví.

Además de los “jefones” había una pequeña plantilla de otros bedeles que también tienen su sitio en nuestro recuerdo y en nuestro corazón. En el pisito, el personal fundamental eran la señora Ana, Francisco o Paco, Julián y la Sra. Luisa. En una habitación de nada, en el rellano final de la escalera y el vestíbulo, la Sra. Ana y compañía montaron lo que podríamos llamar pomposamente el primer bar de la Facultad . Con una cafetera, un pucherete, un hornillo y cuatro cositas nos hacía unos cafés superiores, unos bocadillos variados con sus cervezas, vinos, refrescos, en fin…y cómo el espacio era mínimo pues obligatoriamente se estrechaba la amistad entre los consumidores.

D. Dimas Fernández Galiano, permanentemente presente en nuestro recuerdo, tenía adjudicado un bedel llamado Felipe, que era un auténtico personaje de zarzuela, con bigotito, pelo rizado, vestido como un dandy y mas castizo que Don Hilarión. Era de los que decía les “hemos” puesto un examen tirao, “hemos” suspendido a mantas, ya veremos a quienes “aprobamos” en septiembre . Un recuerdo especial merece también Claudio Macías del laboratorio de Fisiología Vegetal, no recuerdo si llegó a estar con Don Florencio o llegó ya con Don Carlos Vicente. Claudio siempre ha sido una persona trabajadora y discreta cien por cien pero sobre todo un extraordinario artista tallando la madera. Tengo el honor de poseer, por su generosidad, una pequeña talla que todo aquel que la ve queda profundamente admirado.

Sé que habré caído en olvidos, pero no por falta de afectos sino que las neuronas andan ya flojitas del ATP necesario. Todos los bedeles citados y los olvidados involuntariamente, no eran personas serviles sino serviciales y desde luego nuestra Facultad debe recordarles siempre con agradecimiento y cariño porque se lo ganaron y es de justicia.


Entre mis recuerdos aparecen con fuerza los años duros de la efervescencia política en la Universidad en general y en nuestra Facultad en particular. La rebelión estudiantil francesa llegó aquí a finales de los sesenta. Fue el momento en el que aparecieron los “líderes” estudiantiles (me acuerdo de muchos de ellos y me digo quien te ha visto y quien te ve, sin comentarios). Entre los líderes había de todo, personas idealistas, con buena voluntad, antiviolentos, que pretendían acabar con la dictadura franquista, algunos sufrieron una represión totalmente injustificada. Pero también había personas perfectamente conocedoras de las técnicas de la guerrilla urbana y de perturbar el desarrollo normal de las clases, alterar las asambleas, etc. La presencia en el campus de los llamados “grises” (la policía nacional) a pié o a caballo, el tanque-manguera, las “lecheras” (furgonetas cargadas de grises), las porras, las carreras, las detenciones, las huelgas. Todo aquello le dio a la Universidad un protagonismo que era ajeno a su propia esencia, pero no cabe duda de que algunos estudiantes de aquellos días pusieron la primera piedra a lo que con el paso del tiempo ha sido su carrera política.

A veces me encuentro con ex-alumnos de aquellos tiempos que se desgañitaban gritando: americanos fuera de Torrejón y de Rota, “yankees go home” y en cuanto pudieron se fueron corriendo a los Estados Unidos a formarse y volver con el valor añadido de la experiencia americana y colocarse vitaliciamente como catedráticos, que era una de sus luchas (el que las cátedras no fueran vitalicias hasta que llegaran ellos, claro). Así es la vida.


Otro punto a destacar es el relativo a cual eran nuestras salidas profesionales a principios de los sesenta, que se reducían a dos, la enseñanza fundamentalmente la Media y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas para aquellos que les gustaba la investigación. Tanto Biólogos como Geólogos, los que queríamos tener un puesto de trabajo seguro y no seguir dependiendo económicamente de nuestros padres nos dedicamos a preparar oposiciones para adjuntos o catedráticos de Instituto. Eran francamente duras, tenían un temario mixto de biología y geología, puesto que luego la titulación era en “Ciencias Naturales”, constaban de tres ejercicios en el que el final era el práctico y se trataba de reconocer de visu “la intemerata” (todo tipo de flores, plantas, invertebrados, vertebrados, fósiles, preparaciones histológicas, mapas, minerales). Muchos optamos por esa vía, algunos de los cuales aún permanecen en sus respectivos Institutos. Algunos, mas tarde, dimos el paso hacia la Universidad tras pasar por la experiencia de la enseñanza media (estuve como Adjunto en Melilla en el 64 y como Catedrático en el femenino de Alicante en el 65). Otros que entraron en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la actualidad están desempeñando puestos de Profesores de Investigación , así cómo los que pertenecen a otros organismos autónomos.

En conexión con lo antedicho quiero dejar expresado que clásicamente en las primeras promociones existía una estrecha relación entre los estudiantes de biológicas y de geológicas, compartíamos el pisito (ellos en la primera o segunda planta), algunos profesores e incluso algún paso del ecuador. Fruto de aquella inicial relación es que aún hoy perdura nuestra amistad siendo ya cada uno Profesor en la Facultad de Biológicas o de Geológicas y es que creo que lo que en realidad somos unos y otros es “naturalistas”.

Hablando con mi querido compañero de promoción y entrañable amigo el Profesor de Investigación Doctor Rubens López, de una manera objetiva, desapasionada, al exponerle yo los pros de mis recuerdos, me hizo ver algunos fallos que ciertamente comparto. Por ejemplo, prácticamente apenas se nos explicó nada de la trascendencia del descubrimiento del ADN como descubrimiento mas reciente y su enorme repercusión en los conceptos fundamentales de la biología, pero tampoco se nos enseñó una Biología Evolutiva, dándole a Darwin el papel que le corresponde. No obstante con las limitaciones que fueren, luego cada uno hemos ido abriendo brecha en los distintos campos de la biología

En fin, como han podido comprobar los que hayan tenido el valor de aguantar leyendo hasta aquí, todo son recuerdos y añoranzas de cuando estudié la carrera con mi VII promoción y sólo de aquellos tiempos. Muy probablemente habré cometido errores u omisiones, por lo cual pido mil perdones, pero por favor acháquenlo a que el autor ya tiene abono transporte de la tercera edad, tarjeta dorada, dos preciosas nietas...


Pero me gustaría ir acabando dejando alguna impresión de éstos últimos tiempos, supongamos que desde hace una docena de años. Lo primero es lamentar cómo poco a poco han ido muriendo nuestros maestros, de mi orla no permanece vivo ninguno, pero constatar que todos me dejaron una imborrable huella y de todos aprendí. No cabe duda que tengo destacar el papel primordial que el Dr. Carrato ha tenido y tiene en mi vida personal y académica, pero muchos de vosotros lo teneis de vuestros respectivos maestros ¿no es verdad Almudena en relación con Don Dimas, Carlos con D.Florencio, Jose Luis con Don Francisco, Darío con Don Rafael y muchos otros de las distintas disciplinas? Hemos tenido la suerte, algunos, de tener auténticos maestros. ¡Ojalá que en el futuro alguien pueda decir lo mismo de nosotros!

Mi anteriormente citado compañero el Dr. Rubens López me recordaba la hermosa idea de Erst Mayrín, el gran biólogo alemán de nacimiento y norteamericano de adopción, que explicaba gráficamente ese sentir vocacional que compartimos y que, entonces, ignorábamos:” La biología no es una profesión, es un estilo de vida”.

Otro aspecto del que he sido testigo es el gran cambio que ha experimentado nuestra Facultad de Biológicas, que de ser un centro fundamentalmente docente, se ha ido convirtiendo en un centro investigador. Prácticamente en todas las cátedras es posible encontrar profesores de un reconocido prestigio internacional por sus trabajos de investigación y esto debe ser un orgullo para todos nosotros.

En mi opinión esto ha sido debido por un lado a la incorporación, en su momento, de profesores procedentes del Consejo, que aunque carecían de experiencia docente tenían gran experiencia investigadora y por otro que debido a la influencia de éstos, los jóvenes doctorandos marcharon a diferentes laboratorios del extranjero, gracias al sistema de becas, y allí aprendieron no sólo el inglés sino nuevas técnicas y nuevas relaciones internacionales, abriendo un panorama nuevo y más moderno. En los muy últimos tiempos, tengo una preocupación como viejo profesor, y es que a muchos de estos lideres investigadores, no les gusta dar clase o al menos tantas horas. Quieren presentar proyectos, publicar trabajos con alto índice de impacto, tener becarios…y hacen bien porque eso es lo que premia la Administración, pero claro ¿quién tiene ánimo o estímulo para preparar las clases a fondo, estar al día, comunicarse con los alumnos, si nadie se lo va a valorar? Por otro lado no ha habido una renovación notable de personas jóvenes en los departamentos y eso se va a pagar. No ha habido una programación a largo plazo, se van solucionando las cosas a salto de mata y eso cuando se solucionan. Yo propugno un estudio sereno, detallado de las necesidades reales de profesorado de tal manera que sean compatibles por tiempo, reposo mental y medios tanto la docencia como la investigación de calidad y que ambas se valoren debidamente y eso implica aumento de plantilla en calidad y cantidad de profesorado, sabiendo cuando salen las plazas, que exigencias, etc.


¿Y cómo han evolucionado los alumnos en éstos últimos años? Pues no me es fácil el responder, porque ha habido y hay situaciones muy diferentes. Hace cincuenta años, éramos muy pocos alumnos, casi tantos como profesores, casi todos de clase media, muy vocacionales por la Biología (los que querían desde pequeñitos ser ricos optaban por las ingenierías, derecho, medicina, farmacia…). Pese a las dificultades de la época, éramos relativamente cultos, leíamos a nuestros clásicos (Cervantes, Lope, Quevedo, Góngora) pero también a Machado, Lorca, Miguel Hernández, León Felipe, Neruda… íbamos a los conciertos del Monumental los domingos tras hacer cola durante toda la noche. Fue el momento de los cine-forum, yo dirigí uno sobre Bergman en el aula magna de Físicas sobre el Séptimo Sello y el Manantial de la Doncella ¡casi nada!. Empezaba el cine llamado de arte y ensayo, con películas en versión original que se proyectaban en los cines Rosales y California . Yo creo que teníamos cierta hambre cultural además de la física.

Con bastante posterioridad vino una época horrorosa, desde mi punto de vista, que fué la llamada época hippy, con el dominio de los pelos largos, la dejadez o suciedad incluso en el vestir, el porro, el amor libre, el eslogan “haz el amor y no la guerra” y desde luego no des un palo al agua que para eso trabaja tu padre . Afortunadamente esa moda pasó pero llegó la época de lo que yo llamo “la atonía estudiantil”.

Las aulas se fueron invadiendo de alumnos, su número creció de tal modo que hubo que establecer el “numerus clausus”, cada Facultad decía a cuantos alumnos podría atender potencialmente. Biológicas fue una de las Facultades que mas creció y siempre pensé que se debió a tres motivos: los excelentes documentales en televisión de Félix Rodríguez de la Fuente que llevo a los jóvenes a pensar que ellos iban a dar de merendar en la mano a los lobos por lo menos los días de fiesta; la vuelta a España de Don Severo Ochoa con lo que los mas idealistas pensaban que eso del ADN les iba a permitir fabricar en el laboratorio una Marylin Monroe a la carta para uso personal, y en tercer lugar el que muchos alumnos rechazados en medicina entraban en biológicas.

Hoy día, a mi me parece, que hay una gran masa amorfa que ni fú ni fá, ni sienten ni padecen, eso sí mucho piercing, mucho tanga y mucho aireo del área umbilical e incluso prepúbica. Un ejemplo evidente: estamos sufriendo una sequía pertinaz, un problema inmenso con la inmigración ¿hay alguna agrupación estudiantil que monte un seminario, conferencias, o cualquier tipo de movimiento? Nada de nada. ¿Le están exigiendo a las autoridades pertinentes las normas claras, precisas requeridas para la convergencia europea? Nada de nada, que se lo den hecho. Ahora bien, tengo que reconocer que los alumnos considerados buenos hoy en día, que los hay y no son pocos, son excelentes: estudian a fondo, manejan revistas porque conocen bien el inglés, consultan libros en la biblioteca ( por cierto que ha sido una de las mejoras mas palpables y necesarias de nuestra Facultad; vaya desde aquí mi reconocimiento y gratitud para las autoridades que lo planificaron y para el excelente personal que la atiende y cuida con esmero).

Desde hace mucho tiempo tengo la impresión de que nos ocupamos poco de distribuir responsabilidades entre nuestros alumnos. Se les proporciona locales y medios, y es justo, ¿pero que les exigimos a cambio? A veces pienso que sólo con que actuasen con educación ya sería una contribución suficiente. Dejan los vasos, los platos, las bandejas en cualquier lugar, tiran las colillas de tabaco al suelo, escriben en los servicios, ¿harán lo mismo en sus casas? Una delegación de alumnos les debería exigir que devolviesen a la cafetería los utensilios, que no despilfarrasen el papel higiénico tirando y tirando de él hasta el suelo. Propugno una campaña de orden y limpieza controlada por los propios alumnos.

Los profesores tenemos que enseñarles no solo nuestra materia sino también hacerles ver que son unos privilegiados por el hecho simple de poder estar en la Universidad y que ello conlleva una compromiso con la sociedad, a la que tendrán que devolverle parte de lo mucho que la sociedad les está proporcionando. La defensa científica del medio ambiente, de la naturaleza, una bioética desapasionadamente explicada y entendida, una preocupación por poner los medios básicos para poder remediar los males que azotan a la humanidad…son cuestiones que deben nacer desde nuestras aulas y desarrollarse en la sociedad, que debemos pretender sea cada vez mas justa.


Cuando en 1902, Don Santiago Ramón y Cajal recibe el homenaje de la entonces llamada Universidad de Madrid, pronuncia el Discurso de la Juventud y decía textualmente. “Me dirijo a vosotros, los jóvenes, los hombres de mañana…, os devuelvo lo que en justicia os pertenece…Hijo soy de la Universidad, a ella le debo lo que sé y todo lo que valgo”.

Esas palabras de Don Santiago las hago mías referidas a mi queridísima Facultad de Ciencias Biológicas en el cincuenta aniversario de su creación, pero quiero precisar dos cosas: una, que para mí la Universidad comprende mis profesores, mis alumnos y el personal de administración y servicios. Otra, que para mí han sido fundamentales los apoyos de toda mi familia y de algunas personas concretas que con su paciencia, su trabajo y su cariño han estado cerca de mí. A todos los referidos en este párrafo les debo lo que sé y lo que pueda valer.